Han pasado ya semanas de nuestro viaje a Marrakech, pero lo cierto es que no he encontrado ni un minuto para escribir, ya que en los últimos tiempos hay muchas novedades y cambios en mi vida. Poco a poco os iré contado, pero tranquilos, ya os adelanto que son cambios muy positivos.

Mi valoración de Marrakech es muy buena. Es una ciudad llena de contrastes, colores y cultura que hace que nuestros sentidos permanezcan al límite las 24h. Su colores, sus olores, su habitantes… Todo es único en Marrakech.

Poco a poco os iré relatando las aventuras y los lugares de visita obligada. Hoy voy a centrarme en las curtidurías.

Las curtidurías son los talleres en los que se trabajan las pieles y el cuero. Están situados al norte de La Medina y el localizarlos es un tanto complicado. Por suerte, nosotros hemos dado con Abdul, un taxista muy simpático que además hablaba español.

Además de a otros lugares, Abdul nos llevó en su taxi a las curtidurías y allí nos presentó al que sería nuestro guía (claro está, a cambio de una propinilla).

Lo primero, recibimos un puñado de hierbabuena que nos sirvió para poder neutralizar el olor nauseabundo de aquel lugar.

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“El guía” nos mostró cómo trabajan los curtidores:

Las pieles pasan primero dos semanas en cal viva para desprender el pelo.

Más tarde, las introducen en el excremento de paloma para que desprendan su olor.

curtidurias

Después las pasan una zona de bañeras, donde se les aplicarán diferentes productos con el fin de teñirlas.

A continuación, se ponen a secar para que finalmente puedan ser recortadas.

Es un trabajo muy laborioso y delicado. Los medios utilizados son rudimentarios y el curtidor debe ser muy cauto en todo el proceso para que su salud no corra peligro. Bueno, lo de cauto es un decir, observad en la foto al curtidor descalzo a escasos metros de las bañeras con cal 😉

¡Si viajáis a Marrakech no olvidéis la visita a las curtidurías!

las curtidurias el zoco